martes, 26 de enero de 2010

Escucho esas notas que arrancas del acordeón, y mi piel no deja de recordar lo que nunca ha sucedido, como tus dedos jamás hicieron notas en mi pecho, como nunca tocaron ese tímido rincón de la entrepierna que inundaba callejones donde jamás estuvimos atentos a los focos de autos curiosos. Cuando mi lomo se contorsionó como no sabía que las vértebras podían, antes de quebrarse en tu boca, abriendo y cerrando mis bemoles, hasta un pasaje casi parisino donde tu lengua daba ritmo a mi ansiedad. Mis ahogados suspiros por tu aliento no dejan de recorrerse en lo que no vivimos.

Y mis lágrimas no queman el rostro al caer sin sentido, cuando mis manos saben que no estás.

La delicada delicia inocente, que blasfema a pulso con la ausencia imaginaria, deja aullando este vacío mentiroso, lejano, peregrino de sudores aislados, retuerce su necedad en bocas de sabores amargos, en búsqueda, y tu olor abandona, se precipita a la certeza del silencio, a vagar por la tiranía de la soledad.

2 comentarios:

MarioGitano dijo...

los acordes de tus palabras resuenan en mi cabeza.

uno solo no vive aquello que no se atreve a enfrentar...

sombrafalsa dijo...

la música me dijo tanto, y solo esto pude imprimir...aquí.

se agradece su huella, don Gitano.
Abrazo,