lunes, 25 de octubre de 2010

II

Las pestañas frías, llenas de esferas de agua, le obligaban a sacar los puños del bolsillo, y enviarlas al suelo, a su destino de gravedad común. Ya no distinguía el llanto, de la lluvia. Iluminado desde el farol por un ángel con extremidades de fuego, recuerda,


“Condenso en mi aliento impuro, los sutiles pezones de un infierno adolorido,
La leche de tu miedo, el sudor carmesí de tus rincones,
le abre yagas a mi destierro.
Si tu ventana se amarillenta de luz,
Ladraré en el vientre desprotegido de los péndulos dorados
Que se aparean con la calle,
A mis pies”

Rendido, se durmió empapado, con la voracidad de un viento tropical, concéntrico a su boca de arena, esperando vida desde el trisado vidrio lleno de fisuras ensangrentadas, con pelos colgando desde el marco del ventanal.


No hay diferencia cuando la existencia se vuelve una.

4 comentarios:

J.Carlos dijo...

Me maravila como juegas con las palabras, como construyes tus textos casi como un orfebre trabaja la plata.
Más que escritora, pareces escultora de los escritos.
Un abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Jo.
Casi me ha dolido.
Coincido con el comentarista anterior.
Parece orfebrería.

Besos.

SOMBRA FALSA dijo...

J. Carlos, de escultura...tendría que ser abstracta, de arena sin agua, mezcla de sal. Algo como "la nada y la cosa ninguna".
Todavía no sé si sentirme más que orgullosa, o no. jaja

Abrazo!

SOMBRA FALSA dijo...

Toro,
O sea que...se confirma "la nada y la cosa ninguna"!

Duele...al menos una hematoma, que el sujeto de la entrada, ni sabe que existe, (complicado cdo me retumba en las sienes)

Abrazoss!
(y que me encanta que te asomes...)