domingo, 17 de octubre de 2010

Plan B

Acabo de llegar a la ciudad de Sodoma y Gomorra, a la vuelta de la esquina o en el centro de mis calzoncillos,

Dejo convicciones en casa, me permito adiestrar por la mujer con apellido de un gran amigo: llevo pulsera negra, camisa con gorro, pecho descubierto, anillo al pulgar, estoy preparado, solo falta una vagina que acoja voluntariamente a este semental.

Escucho a Leonard Cohen antes de salir, me encolonio de coraje, y voy como rambo a coger la noche.

Resultado, diosas, y todas putas, queriendo cobrarme hasta por hablarles.

A probar suerte la segunda noche, que a la tercera tengo pasaje de vuelta.

Esta vez, no voy con la bravía mujer de apellido de mi amigo, que me lanzaba al vacío en el pecho oscuro de toda fémina, no, ahora voy con su hombre, mi amigo: un par de bares, misma calidad de carne jugosa, igual situación, las cinco que conocí, prostitutas.

Regreso a mi país, me saco el anillo, la camisa con gorro y la pulsera, para dormir con el plan B, mi esposa, sin depilar, roncando a mi lado, y soltando gases nucleares, porque comió algo que le hizo mal, y no me esperaba esa noche.

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