miércoles, 15 de junio de 2011

Descripción,

Litros de café cortando la lengua a la mitad, y la borra no seca el paladar,
Las orillas del viento se dibujan nítidas al horizonte de edificios, y la música es solo ruido.
Los ojos explotan en lágrimas,
¡arde tanto el llanto!
Hay una pérdida ajustada, que debe entrar en las acolchadas sedas del ataúd,
se ciñe precisa a la cintura del recuerdo, se despista ante un sol friolento y galletas baratas,
La muerte se engrana a la respiración vaporienta del otoño vestido de invierno.

No hay derecho a sentir, no aún, hasta terminar los trámites de madera,
para permitir que otros tengan ese lujo,
porque el cordón umbilical nunca fue masculino.